La pedrada

Luisma Nigueta

Todos los días en Jerez se pegan pedradas a cientos de objetos y de cristales. Esta es una ciudad como tantas otras, con una mayoría de ciudadanos amantes y respetuosos de la convivencia, y una minoría de vándalos que hacen destrozos porque su naturaleza no da más de si.

Esta vez le ha tocado a la casa de Hermandad de las Tres Caídas, como antes le tocó a las farolas de la Ronda del Colesterol o al merendero de la Alameda Vieja, cuyo esqueleto mugriento atiende diariamente a los cientos de turistas que llegan a ese enclave de nuestra ciudad.

Una simple pedrada. Por eso me parece realmente exagerado que hasta la Unión de Hermandades haya usado sus redes sociales para emitir una “enérgica repulsa por los actos vandálicos” acaecidos en esta sede cofrade. Creo sinceramente que ha habido una pasada de frenada con este tema, aunque no me sorprendería nada que a partir de ahora hubiese decenas de comunicados de hermandades jerezanas, condenando una simple pedrada a un cristal realizada por uno de los muchos gamberros que pululan por nuestras calles.

Las instituciones no pueden caer en el victimismo de creer que los cofrades son víctimas de una conjura internacional. Por una simple pedrada.

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1 comentario

  • Que sea una enorme jodienda el tener que reparar un cristal (por el gasto económico que suponga) hasta ahí todo correcto y de acuerdo la mayoría de los mortales, ahora, el decir que se parte ese cristal y no otro por el hecho de ser de una cofradía y constituye una ofensa a los cofrades y blablabla… Pues va a ser verdad que nos la cogemos con papel de fumar, oiga…

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