La primera Semana Santa de la posguerra

Un día después del fin de la contienda, la Coronación estrenaba la carrera oficial

Corría el año 1939 y con él languidecía la Guerra Civil española. Al mismo tiempo empezaban los preparativos de una Semana Santa que estrenaba carrera oficial gracias a la iniciativa de la Unión de Hermandades, que reunió el 21 de febrero de 1938 en la Parroquia de Santiago a siete – Santo Crucifijo, Prendimiento, Desconsuelo, Amargura, Mayor Dolor, Santo Entierro y Coronación- de las once cofradías existentes a fin de sentar las bases de la misma. Las que, por diversos motivos, no asistieron a dicho encuentro – Jesús Nazareno, El Cristo, Soledad y Angustias- se fueron sumando posteriormente a ese proyecto de organización de los desfiles procesionales que se estrenaría con el inicio de la Semana Mayor del citado 1939.

Aquel Domingo de Ramos, sin embargo, no sería uno cualquiera, pues coincidiría con un importante hito nacional: la primera jornada de la posguerra. En efecto, un día antes, el 1 de abril, se había sellado el fin de la contienda con el último parte, firmado por el general Franco en el Palacio burgalés de la Isla.

Así pues, no es baladí considerar a esta Semana Mayor como una de las más históricas, por cuanto confluyeron circunstancias de gran alcance a nivel nacional y cofrade.

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En efecto, retomando este segundo aspecto, como mencionábamos, se inauguraba una carrera oficial que arrancaría al principio de la calle José Antonio Primo de Rivera (actual calle Larga) para proseguir por Doctor Ramón y Cajal (hoy, Lancería), Plaza Reyes Católicos (Arenal), Calvo Sotelo, Eduardo Dato (ambas Consistorio), Angostillo de San Dionisio, Plaza Escribanos (de la Asunción), José Luis Díez, Plaza Domecq (Arroyo), Cruces, Aire y la Real E.I.I. Colegial (en la actualidad, Santa Iglesia Catedral).

Ciertas singularidades caracterizaban a la Semana Santa de la época. Una de ellas era la fuerza de la, por entonces, conocida como Hermandad del Calvario (hoy, Santo Entierro). No en balde, la corporación coordinaba la procesión del Cristo de la Viga (el Lunes Santo), la del Cristo del Calvario y la Piedad (en la madrugada del Viernes Santo) y la de la Santa Cruz, la Urna y, nuevamente, la Piedad (el Viernes Santo).

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En otro orden de cosas, la Hermandad de la Yedra salía por primera vez el Jueves Santo con la Virgen de la Esperanza, tras haberlo hecho anteriormente en la jornada del Lunes Santo con dicha titular y el crucificado que daba – y da- nombre a la cofradía. Ese mismo día recibiría de manera improvisada a la Hermandad del Desconsuelo, que aplazó la celebración de su desfile procesional el Martes Santo por las inclemencias meteorológicas.

Por último, la Hermandad de la Flagelación haría estación de penitencia por séptima vez desde su primitiva sede, la Colegial, y la Soledad haría lo propio desde la Iglesia de la Victoria, únicamente con la imagen mariana de Fernández Pomar, a la que veinte años después – 1959- precedería el misterio del Descendimiento.


Bibliografía:

De la Rosa Mateos, Antonio.
“Procesiones en Semana Santa durante el siglo XX”
‘Jerez en Semana Santa’. Volumen VI;
Jerez de la Frontera, 2002.

Varios autores.
‘Jerez en Semana Santa’. Volumen V;
Jerez de la Frontera, 2001.

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