Unas vísperas eternas

Siempre de frente

Mediados de octubre. Llueve. Recibo la convocatoria de una igualá de costaleros y encuentro en las redes sociales la foto de otra que ya se ha celebrado. A lo lejos, un paso de misterio en el interior del templo. Miro el calendario. Efectivamente, seguimos en octubre…, y sigue lloviendo.

Algunas dolorosas llevan ya una semana vestidas de negro, en un adelanto de lo que será el mes de noviembre. Bares y salas de fiesta bombardean con anuncios de falsas zambombas. Desde este pasado verano guardo en la cartera alguna participación de la Lotería de Navidad, por si toca aquí o allí. Pero sigue siendo octubre…, y sigue lloviendo.

De tanto vivir en una eterna víspera acabaremos matando a las propias vísperas. De aquí a nada, las igualás se celebrarán apenas se hayan cerrado las puertas de la iglesia, para no perder más tiempo, por ver si así es posible que vuelvan a abrirse.

Las participaciones de Navidad se venderán en la caseta de Feria, porque allí también puede tocar; y la zambomba se hará coincidir con el cabildo de cierre de curso, para aprovechar el tirón.

Y terminará ocurriendo que no sepamos si estamos desmontando el paso o montándolo; si falta más o menos, si vamos o venimos… Llegará el día en que ya no tengamos claro siquiera a qué estábamos esperando. Miro el calendario, seguimos en octubre…, y sigue lloviendo.

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