A solas con la Virgen

Alejandro Melero

Tomen esto como un segundo episodio de aquello que conté a principios de la semana pasada. Volvemos a San Juan Bautista de los Descalzos y les reproduzco lo que les comentaba en aquel artículo que menciono:

“Hacía fresco y la niebla no dejaba ver el final de la calle Medina. Allí, a la derecha, se abre una puerta por la que se asoma el Señor de la Flagelación. El encargado de abrir era el pregonero, pero de 2017, ajeno a lo que se le vendría por delante para el año próximo.

José Blas Moreno me recibe. Perdón, acudo al Señor, gracias a José Blas que tiene algo para mí. Un simple pen-drive con música sacra que suena cada cuarto domingo de Cuaresma en esa misma capilla para gloria de la Virgen de la Amargura y por el que suspiraba hace tiempo para mi Virgen del Desconsuelo. Mis particulares ‘Suspiros de la Amargura’.”

Vuelvo a situarles en la calle Medina. Pasaban las 7 de la tarde, veníamos de San Juan de los Caballeros, donde la Virgen de las Lágrimas, esplendorosa, permanecía de besamanos (lo pueden ver en la galería de Javier Romero de los besamanos del día de la Inmaculada Concepción). Por cierto, pudimos ver al compañero Francisco Abuín, una gran noticia para nosotros; aunque alguien estuviera más pendiente de ver de qué comentábamos mi compañero Floren Iniesta y un servidor. Habría bancas para sentarse…

Insisto, San Juan Bautista de los Descalzos, 19.15 para más señas. Por la reja de la iglesia huele a incienso de manera rotunda. Entre los abrigos vislumbro el color celeste. El mayordomo de la cofradía me ve, intuyo, porque yo a él no lo veo. Encuentro un hueco y veo a la Virgen de la Amargura, radiante, guapísima. El celeste de su manto y el turquesa de su techo de palio adornando el fondo no despistaban, sino todo lo contrario. De repente, suena esto…

Es el Ave María de Willian Gómez, como han podido comprobar. Aquello me hizo recordar un detalle que no me vino a la mente cuando escribí ese primer artículo. A José Blas Moreno, pregonero de la Semana Santa 2017 y mayordomo de la hermandad de la Amargura como todos ustedes saben, le solicité aquel pen drive con música -celestial en mi opinión- al haber visto a la Amargura con este rezo cantado que escuché ese mismo cuarto domingo de Cuaresma.

José Blas me miró, me señaló y al poco, se acercó a darme un abrazo, seguido del hermano mayor, Miguel González. Una historia que quizás debiera quedarse en la intimidad, pero que me gusta compartir con quienes leen a este humilde juntaletras aficionado que volvió a suspirar por la Virgen de la Amargura gracias al cariño y la hospitalidad de la corporación, encarnada en José Blas.

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