Los toros desde la barrera

Ángel Rodríguez Aguilocho

Comienza la cuaresma. El tiempo de la conversión, la reflexión, la del reencuentro con Dios y con nosotros mismos… Pero también la época del jaleo, del trabajo, de las horas interminables y las de las luces de las casas de hermandad encendidas hasta altas horas de la noche.

Esta es la primera cuaresma que vivo, aunque en la distancia, detrás de mi paso por el Consejo de la Unión de Hermandades. Vaya por delante que la mitad del mandato, por razones laborales, lo he tenido que vivir bastante lejos de Jerez. En mi misma situación se encuentran mis compañeros y todos aquellos que en este año que acabamos de dejar atrás, han dejado sus responsabilidades en diferentes juntas de gobierno. Y desde luego, que el paso por uno de esos puestos te hace cambiar totalmente tu perspectiva de estos cuarenta días que ahora comienzan. La diferencia entre trabajar y disfrutar la cuaresma comienza el día en que tomas posesión y te cuelgas en tu pecho una medalla diferente. Entonces quizás empiezas a apreciar lo que cuesta pinchar cada flor cuando se prepara un besamanos, las de puntadas que lleva detrás cada foto de un relevo cuando se le entrega a un costalero o las doscientas historias que se han superado cuando la cruz de guía de la Borriquita llega al palquillo y todo el mundo se encuentra sentado en su palco.

Casi me apetece decir, que todo el mundo debería pasar por uno de esos puestos para poder valorar en su medida todo lo que a partir de hoy nos disponemos a vivir. Cultos, funciones, besapiés, Vía Crucis, palcos, conciertos, conferencias, actos de meditación, traslados de imágenes a sus pasos y altares… todo ello es posible, gracias a que alguien detrás ha perdido su tiempo, y probablemente también el de su familia, para que aquello salga a pedir de boca. Encima con el premio ingrato, de que todo, absolutamente todo lo que se haga es objetivo de crítica y en la mayoría de los casos por parte de aquellos que no han movido un solo dedo en pegar un pequeño empujón al asunto. Por eso digo, que todos deberíamos pasar por uno de esos cargos. Para que podamos ver las cosas con otra perspectiva, probablemente más ajustada a la realidad. Pero por desgracia, tanto nos hemos acomodado, que no tenemos tiempo ni para cuidar de nuestra comunidad de vecinos, así que aún menos en algo y de algo, de lo que solo nos acordamos cuando truena la cuaresma.

El mayor de los respetos para aquellos que hoy comienzan unos días que a veces parecerán que no tendrán fin, aunque en realidad la cuaresma para ellos ya comenzó hace algunas semanas. Para la gente del consejo, las de las juntas de gobiernos, capataces,…y también para los componentes de las bandas, normalmente olvidados, que desafiando al frío se parten los labios y las manos durante tantas noches para que suene todo de lujo. En definitiva, para todos los que hacen posible que esta travesía en el desierto que recién empieza desemboque en una nueva e ilusionante semana santa. Que no os falte nunca el ánimo y la paciencia y que todo lo que preparéis salgo como deseáis y además sea para mayor gloria de Dios

No olvidéis coger el capote y la muleta, y por si acaso…coged también el estoque e incluso la puntilla. Puede que los necesitéis en estos próximos cuarenta días, y por experiencia os lo digo. Sed conscientes que en este mundo en el que vivimos, hay quien prefiere, no mancharse el traje y seguir viendo… los toros desde la barrera. Feliz cuaresma a todos.

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