José Blas Moreno se gana al Jerez cofrade en el ‘gol de oro’

La Amargura asumió todo el protagonismo en el último tramo del Pregón

Javier Romero Díaz
Javier Romero Díaz

Cuando hace apenas unos días se le preguntó a José Blas Moreno González por la duración aproximada de su Pregón, el cofrade de la Hermandad de la Amargura recurrió a la terminología futbolística para avanzar que su anuncio de la Semana Santa rondaría “los penaltis”, el equivalente a algo más de 120 minutos. Y así fue. Moreno se colocó ante el atril del Teatro Villamarta a la una menos cuarto de la tarde y recibió el aplauso final del auditorio a las tres. El suyo fue un Pregón denso, que se detuvo en todas y cada una de las hermandades por orden cronológico de salida y en el que abundaron la poesía y la vivencia. Pero lo mejor -con diferencia- llegó al final, porque fue entonces cuando el pregonero se abrió de verdad en canal para regalar al Jerez cofrade dos piezas que van a quedar para siempre en la memoria.

La primera de ellas dedicada al Santo Crucifijo de la Salud y la segunda -la que todo el mundo esperaba desde el mediodía- a la Virgen de la Amargura. José Blas Moreno definió al crucificado como “sagrario de Cristo vivo”, en un tono intimista remarcado por un piano y un violín que trató de evocar los momentos previos a la salida a la calle de la cofradía con sede en San Miguel, una hermandad a la que llega de la mano del capataz Paco Yesa para formar parte de la cuadrilla de costaleros de su paso de misterio y que ha cambiado su vida “para siempre”. Ese momento valió un Pregón.

Pero faltaba lo mejor. José Blas Moreno era el undécimo cofrade de la Hermandad de la Amargura en anunciar la llegada de la Semana Santa, detrás de apellidos como los de Montero Galvache, Zarzana -padre e hijo-, Cosano, De Mora o Garrido, por poner algunos ejemplos. “¿Y ahora qué te digo yo?”, preguntó en voz alta y arropado de nuevo por el piano, que interpretaba el Ave María de William Gómez. Y de veras que el pregonero encontró argumentos más que suficientes para que el Jerez cofrade se rindiera de nuevo ante las plantas de la Virgen de los Descalzos.

“Centinela de mi casa”, “amor que nos traspasa”, “pañuelo de los dolientes”, “vela en la oscuridad”… José Blas Moreno fue tejiendo una extraordinaria letanía de piropos en honor de la dolorosa de su vida en la que aprovechó precisamente ese amplio bagaje personal como cofrade, costalero o mayordomo de la hermandad del Miércoles Santo.

La Amargura asumió todo el protagonismo en ese último tramo del Pregón, pero antes ocurrieron otras cosas. Tanto el presentador, Juan Carlos Moreno, como el propio orador tuvieron muy presentes tanto a su madre -que fue quien acercó a ambos al mundo de las cofradías y a la que una enfermedad se llevó en plena Pascua- como a su padre -al que apenas llegaron a conocer-. Esas ausencias estuvieron muy presentes a lo largo de toda la mañana.

José Blas Moreno también defendió el papel de las hermandades y lamentó vivir en lo que él calificó como “la era de la cristofobia”, pidiendo “respeto” para los cristianos y recordando que Sartre dijo que “la libertad termina donde empieza la de los demás”. De igual modo lamentó el robo perpetrado semanas atrás en la sede de la Hermandad de la Cena, reclamando la devolución de los enseres sustraídos y tuvo palabras para el papel que históricamente asumió la mujer en la Hermandad del Nazareno, “cuando aún no existían los ministerios ni los planes de igualdad” y estas cofrades soportaban “los insultos de los machistas”.

El Pregón incluyó también emotivos versos dedicados a imágenes como el Señor del Prendimiento o el Cristo de la Expiración. Pero donde de verdad se ganó Moreno al auditorio fue al final, en el gol de oro, en apenas diez minutos que pusieron al teatro en pie. Y eso que no sabía qué decirle a la Amargura…

La Banda Municipal regresó al Pregón
La Banda Municipal regresó al Pregón tras el paréntesis del año pasado, interpretando las marchas ‘Amargura’, ‘Corpus Christi’ y ‘Amarguras’.

Una mañana pródiga en nombres propios
El pregonero recordó a sus padres, pero también a figuras ya desaparecidas como el periodista Manolo Molina o el recordado Manolito Mesa.

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