Las mejores galas de una Noche única

Las cinco cofradías de la madrugada volvieron a transpirar su reconocible idiosincrasia en una noche que se tornaba húmeda y fresca, pero redonda

La Noche de Jesús es, posiblemente, la jornada más íntima y llena de sensaciones encontradas de cuantas tienen lugar en la Semana Santa de Jerez. Así lo atestiguan las cofradías que hicieron estación de penitencia a la Santa Iglesia Catedral en este anochecer en el que las idiosincrasias siempre se manifiestan con gran fuerza, demostrándonos los prismas y perfiles de cada una de las cofradías que ya marcaban el inicio de la nostalgia.

San Miguel se convertía de nuevo en epicentro de la Noche de Jesús, cuando aún dos cofradías se encontraban en la calle clausurando el Jueves Santo -Rendención y Mayor Dolor-. El Santo Crucifijo recibía el resplandor de los retratos que capturaban una salida única, quizás en menor penumbra que hace algunos años en los que los smartphones no eran una prolongación de los brazos que se alzaban en la plaza León XIII para inmortalizar ese momento. La oscuridad solo iluminada por los candelabros del paso de ‘Currito del dorador’, al que hay que apuntarle la intervención que David de Paz continuará pasada la Semana Santa -que mostraba un aspecto prácticamente saneado-, contrastaban con el destello del palio de la Virgen de la Encarnación proyectado en la faz de la dolorosa de Castillo Lastrucci bajo el palio que confeccionaron Rodríguez Ojeda y Carrasquilla en diferentes etapas. Buque insignia esta hermandad de su particular noche, en la que volvía a retomar la Alameda Vieja para subir por Santa Cecilia hasta una San Miguel que ya apuntaba a amanecida.

Por San Francisco se respiraba la sobriedad más rigurosa que trasmiten cada madrugada los nazarenos de cola blanca. Discreto cortejo en cuanto a número, no así en relación al testimonio de fe y penitencia que esta corporación hace gala. Con zancada amplia, el Señor de la Vía Crucis se abría paso por el centro de la ciudad, abandonando su templo por unas horas tras haber sido visitado por miles de devotos durante todo el año, atestiguando ser una de las devociones más poderosas y enraizadas de Jerez. Tras de sí, otra de las joyas de la corona de la Semana Santa como es la Virgen de la Esperanza en su paso de palio del que emana una amalgama de colores rojiverdes a su paso.

Mientras, en San Juan de Letrán volvió a no haber descanso entre el amor fraterno y la eterna familiaridad que desprenden sus cofrades desde bien temprano. Los faroles apoyados en los muros dejaban entrever que el mascarón de proa que un día rompió -y aún continúa- las barreras de la desigualdad de género en la sociedad estaba a punto de plantarse en una Alameda de Cristina de la que es dueña y Señora la Virgen del Traspaso. El implacable tirón de ‘Marquillo’ volvía a arrancar a Jesús Nazareno de su casa para devolvérselo a su ciudad y éste, poderoso, se ponía en la calle pasadas las 3.30 de la noche a la que Él mismo da nombre ante la atenta mirada del cartelista de nuestra Semana Santa, Antonio Díaz Arnido, que difícilmente podrá quitar de su memoria semejante alarde de personalidad, fuerza y arraigo popular. Una devoción escenificada de nuevo en su recorrido de vuelta, con la saeta inconfundible de un artesano de la voz en la noche más íntima del año como es Luis Lara, ‘de Pacote’, que también derramó sus quejíos en la Alameda Vieja al paso de la dulce muerte del Santo Crucifijo. Un referente que arroja como flechas sus oraciones en un palo que se echa en falta.

Volvía a salir la Buena Muerte de Santiago. La contradicción más pura del barrio de Santiago, que alardeaba de algarabía justo 24 horas antes de que el crucificado de Castillo Lastrucci se pusiera en las calles de la añorada y anhelada plaza de Santiago. Eran objeto de comentarios previos a la jornada las probabilidades -más un deseo que opciones reales- de una vuelta a Santiago cargada de saetas donde otrora se rasgaran gargantas cantándole a la Virgen del Dulce Nombre, que en la calle Ancha solo se topó con la reconocible voz de Ángel Vargas, máximo exponente de la saeta, que año tras año hace honor a su apellido manteniendo una tradición que, poco a poco, parece diluirse sin remedio. Ojalá renazca más pronto que tarde.

El luto de la noche volvía a tornarse en algazara con la Esperanza que llegaba desde La Plazuela. La primera Virgen Coronada en procesionar en la Semana Santa -hoy lo harán la Concepción, primera Coronación de una dolorosa, y la Virgen del Valle- acudía a su cita con la Noche de Jesús, preludio de una mañana fría y sin la luz del astro rey por una calle Sol que irradiaba ilusión entre los vecinos del barrio de San Miguel. El Señor de la Sentencia volvía a arrancar los aplausos a su paso, rotundo, con el particular y personal andar de su cuadrilla de costaleros, que volvía a ofrecer momentos de emoción y raza en esta noche que aguardaba la llegada de la hermandad, que terminó de cuajar una jornada a la que no le faltó ningún ingrediente. Un crepúsculo que nos avecina de nuevo un Viernes Santo de cierre y emoción.

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