El auge de la Semana Santa choca con la escasez de medios

La Semana Santa se expande, como la ciudad, pero los medios no se incrementan

El Señor de la Salud por su barrio / Javier Romero

Nunca hasta ahora la Semana Santa de Jerez había puesto en la calle a 10.044 nazarenos, una cifra a la que deben añadirse los niños que visten el hábito pero no procesionan en fila, acólitos, costaleros, capataces y auxiliares o músicos. El estudio que anualmente elabora Daniel Carretero -que suele ser revisado al alza por las propias cofradías-, evidencia que sólo el número de nazarenos acumula un crecimiento del 42 por ciento desde 2009, que fue el primer año en que se hizo este trabajo.

Nadie puede dudar dos realidades que son incuestionables: Jerez tiene ahora más cofradías que nunca y el número de nazarenos es mayor no sólo por la aportación de las nuevas hermandades, sino porque las que podrían considerarse como tradicionales salen a la calle acompañadas de un mayor número de hermanos.

A este hecho se suma otro que también debe tenerse en cuenta. El episcopado de monseñor Bellido Caro bloqueó la erección de nuevas cofradías, lo que motivó que la Semana Santa se desarrollara básicamente en el centro de la ciudad. La llegada de los obispos Juan del Río -primero- y José Mazuelos -después- ha permitido la fundación de corporaciones penitenciales en lugares tan extremos y distantes entre sí como La Granja, Puertas del Sur, Nazaret o Picadueñas, por citar sólo algunos ejemplos.

Esa expansión coincide con un momento especialmente crítico para el Ayuntamiento, que apenas cuenta con los recursos necesarios pasa garantizar -en el día a día- la prestación de los servicios básicos y que se encuentra con un problema de no poca envergadura cuando debe responder a un fenómeno en auge como el de la Semana Santa. Además, y por si fuera poco, las redes sociales lo escupen todo. La imagen del autobús urbano arremetiendo contra un tramo del cortejo de la Hermandad de la Clemencia en el que abundaban niños de corta edad no es más que la punta del iceberg de esa sensación de caos que parece haber presidido una Semana Santa que sólo parecía controlada en un lugar muy acotado del centro.

Ha sido relativamente habitual que vehículos de toda clase hayan compartido espacio con los cortejos nazarenos, algo especialmente llamativo cuando se supone que las alertas están activadas ante la posibilidad de que se produzca cualquier tipo de ataque. Es obvio que esos vehículos no iban a atacar a nadie, pero su presencia en lugares teóricamente acotados evidencia la facilidad con la que en Jerez puede abordarse a una masa de personas en coche e incluso en autobús.

Hay más cofradías y más gente en la calle, pero los operativos de limpieza son similares -cuando no inferiores- a los que se ponían en marcha con anterioridad a este periodo expansionista. También hay más carritos de venta ambulante -casi un centenar de licencias- y su control sigue siendo el mismo, convirtiéndose en ocasiones algunos de ellos en barreras infranqueables que taponan vías de escape, cuando no dificultando el caminar de las propias cofradías.

La Semana Santa de Jerez crece -como lo ha hecho la propia ciudad en estas últimas décadas- y empieza a precisar de algo más de voluntad política si es que de verdad se quieren atajar a tiempo problemas que en otras capitales empiezan a no tener vuelta atrás.

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