Que lo anecdótico no nos prive de la realidad

Ángel Revaliente

La frase “cuerpo a tierra, que vienen los nuestros” la acuñó Pío Cabanillas en los tiempos de las guerras fratricidas de la extinta UCD y cobra una inusual vigencia cuando de hacer un resumen de la Semana Santa que ya se nos ha ido se trata.  Y es que la arboleda de lo anecdótico, que no debe ni tiene que ser lo extraordinario, no nos debe impedir ver el bosque de una Semana extraordinaria en lo meteorológico, fenomenal en lo estético y en lo religioso, con más hermanos en la mayoría de los cortejos y con un incremento de novedades importantísimas como el palio, que apunta a maneras exquisitas, de Salud y Esperanza, el ‘tercer paso’ de una hermandad de la Vera Cruz in crescendo, la presencia en Carrera Oficial de la Hermandad de Pasión, que apunta extraordinarias formas, o la novedad de las túnicas nazarenas de la Hermandad de la Misión Redentora que busca un sitio importante en la Semana Mayor o la restauración integral del paso del Señor de Las Penas o el avance del dorado en el único paso de La Redención Salesiana o las salidas desde Santiago del Prendimiento y la Buena Muerte. Novedades fundamentales en lo cultual y en lo cultural, en el patrimonio por y para Jerez y en las vivencias cofrades.

Lo otro queda para la anécdota, pero unas anécdotas que nos tienen que hacer reflexionar. Ese autobús que atraviesa una procesión, ese hablar a voz en grito con el Señor, cuando hay 365 días al año para hablar cara a cara con Él en cualquier Iglesia, abrir pasos de peatones cuando pasa un cortejo y pararlo quince minutos no dejan de ser unos árboles que toman dimensiones grandes  cuando la  noticia quizá no existe. ¿O es normal que en un canal nacional la noticia de la Semana Santa de Jerez haya sido un paso de Viernes de Dolores, de las llamadas hermandades juveniles, con alguien con una cruz intentando levantar un cable? Lo del Viernes de Dolores, germen de algunas de las hermandades nuevas que han florecido en Jerez, es algo que debe ocupar y preocupar, que hasta sacerdotes, llegados de fuera, hablaban el citado viernes de 16 procesiones en Jerez. Y no es así.

Hace falta regular pasos de peatones, quitar carritos de enmedio, más silencio, más respeto porque hacer  crecer a Jerez es cosa de todos y no de unos cuantos. Que lo peor de Jerez no seamos los jerezanos. Que con respeto se llega a todos sitios.

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