Y ahora, ¿qué?

Alejandro Melero

Acaba un proceso en el que nadie ha ganado. Hemos perdido todos. Canta Sabina aquello de «alguna veces gano y otras veces pongo un circo y me crecen los enanos». La pregunta es, ¿era necesario este circo? O mejor, ¿hasta cuándo vamos a estar dispuestos a que una voz externa -dueña de la calle y de la logística- tenga voz aquí? Ese es el verdadero circo, estar casi a merced de un interés ajeno -normalmente con fines maquiavélicamente electorales, ya lo saben- que nos ‘sugiere’ cambios o nos ‘solicita’ supresiones de zonas conflictivas.

La autonomía de las cofradías está en el punto de mira, eso es innegable. La ocupación de la vía pública es el precio de una ‘libertad’ que tampoco está exenta de las brillantes y enrevesadas mentes que los seglares al mando de turno hacen valer: homo homini lupus. Nos hemos quedado con cara de tontos, aunque no lo crean, estuvieran o no a favor de la propuesta.

La propuesta de Carrera Oficial ha sido un órdago a la grande que ha dejado atrás a un vicepresidente y a una tesorera y que, finalmente, se ha perdido. La Alameda del Banco pudo ser el gran proyecto del consejo de Dionisio Díaz pero hemos asistido, sin embargo, a una eterna partida de ajedrez en la que los medios hemos sido acusados de campaña en contra, cuando es justo al revés. Se eligió una vía que da prioridad a un medio y se ninguneó, quién sabe si inconscientemente o por puro desconocimiento de cómo funcionan las relaciones con los medios -este consejo nunca ha sabido trabajar la comunicación institucional, lo vuelvo a repetir-, a otros no proporcionándoles la información necesaria para trabajar en igualdad de condiciones.

Las crisis no han sabido atajarlas y, para más inri, dentro del organismo han surgido voces discordantes que se han movido por interés propio para mantener su legado en forma de Carrera Oficial. Creerán los partidarios del ‘no’ que han ganado el envite, ya sea gracias a la presión ciudadana ejercida en facebook -para hacérnoslo mirar- o a los cuatro gatos concentrados a las puertas de La Atalaya para hacerse oír.

Nada más lejos de la realidad. Ahora los cofrades nos miramos los unos a los otros buscando a los enanos del circo que no reconocemos en nuestras propias caras.

Compártelo:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *