La cruz corona al fin el Miércoles Santo jerezano

La presencia del Cristo de la Salud en la calle vino a realzar aún más si cabe la jornada más completa de la Semana Santa

La presencia en la calle del crucificado de la Salud, de la Hermandad de las Tres Caídas, vino a completar ayer un Miércoles Santo jerezano que hasta ahora adolecía de la representación de Cristo en la cruz. Esa histórica salida constituía la gran novedad de la presente Semana Santa y se convirtió por derecho propio en el atractivo de una jornada ya de por sí cargada de alicientes.

Pero un par de horas antes de que se abrieran las puertas de San Lucas ya pisaban el asfalto de la barriada de La Granja los nazarenos de la Hermandad del Soberano Poder, que un año más debían completar el largo recorrido que separa a su templo del centro de la ciudad. Por la mañana, la cofradía que preside Inmaculada Vadillo había recibido la visita de la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, que aseguró conocer la Semana Santa de Jerez “desde pequeña” y que destacó la labor social que realiza esta corporación a lo largo de todo el año.

Apenas habían dado las tres de la tarde y el Miércoles Santo ya comenzaba a cobrar carta de naturaleza. La cofradía de La Granja presentó ayer en la calle los últimos trabajos de dorado de su único paso en el que se representa a Jesús en su encuentro con Caifás y el sanedrín.

Asistir a la contemplación de la hermandad en espacios abiertos como la avenida de Europa constituye todo un tratado antropológico. El cortejo no camina solo, sino que lo hace acompañado de los suyos, en una especie de ‘toma de la ciudad’ de tinte pacífico y aire festivo. Detrás del paso del Señor del Soberano Poder camina también la Agrupación Musical de la Sentencia, que facilita la labor de la cuadrilla de costaleros que comanda Raúl Rodríguez.

De ambiente popular -pero bastante más comedido- es la salida a la calle de la Hermandad del Consuelo, en el barrio de El Pelirón. La cofradía optó ayer por invertir el itinerario que había sido habitual en estos últimos años, ofreciéndose en primer lugar a sus vecinos para posteriormente dirigirse al centro por el barrio de San Pedro.

La del Consuelo es una cofradía de corte clásico enclavada sin embargo en un barrio históricamente aislado del resto de la ciudad. La elevación del ferrocarril permitió que muchos jerezanos descubrieran hace años que existía algo más allá de las vías del tren. La Hermandad del Consuelo se ha convertido también en un pretexto para dirigir la mirada hacia ese rincón del Jerez olvidado.

El paso de misterio estrenó ayer la talla del respiradero delantero. Sobre las andas, el Señor del Amparo, un nazareno clásico con la cruz a cuestas. Alejandro Barbadilla es el capataz de este paso, que repitió el acompañamiento de la Banda de Cornetas y Tambores Amor y Sacrificio, de Lebrija.
En el paso de palio se estrenó como capataz Martín Gómez Garrido, hijo del hombre que en buena medida abanderó en Jerez la renovación de las formas costaleras. María Santísima del Consuelo contó ayer con el acompañamiento de la Banda de Música de la Soledad, de la población sevillana de La Algaba.

La Semana Santa de intramuros se puso en marcha algo más tarde, cuando faltaban veinte minutos para las cinco de la tarde y en el barrio de San Mateo. Santa Marta es una de esas cofradías que pervive gracias al esfuerzo generoso de un grupo de hermanos realmente entregado a la causa. Sobrevivir en un barrio que se cae, donde apenas quedan vecinos y donde además ya existe un referente cofradiero tan notable como la Hermandad del Desconsuelo, es un auténtico milagro.

Pero ahí está, una vez más, la Hermandad de Santa Marta, poniendo en la calle el misterio del Traslado al Sepulcro del Cristo de la Caridad sobre unas andas casi centenarias que evocan ‘semanas santas’ en blanco y negro. Al frente de la cuadrilla de costaleros está Jesús Sánchez Lineros. Detrás, la Banda de Cornetas y Tambores del Cristo de la Caridad.

Madre de Dios del Patrocinio cierra bajo palio el cortejo de esta cofradía, que siempre es ejemplo de constancia y sacrificio. Álvaro Barba es el capataz de este palio, que cuenta con el acompañamiento de la Banda de Música del Rosario de El Cuervo.

Cerca de allí, la plaza de San Lucas se preparaba para asistir al gran estreno de la Semana Santa: la presencia en la calle del Cristo de la Salud. Pero antes debía abandonar el templo el primero de los pasos de la cofradía, el de Nuestro Padre Jesús de la Salud en sus Tres Caídas, indiscutible referente devocional para miles de jerezanos y jerezanas que le veneran todos los lunes del año ya haga calor o frío.

La hermandad ha asistido en los últimos años a una renovación estética casi silenciosa. Así puede comprobarse en el paso del nazareno caído, que recientemente rescató del olvido unos hermosos faroles de Gabella Baeza. Precede al paso una escolanía de niños cantores y dirige la cuadrilla de costaleros José Crespo.

También ha sido de algún modo rescatado el paso sobre el que ayer procesionó el crucificado de la Salud, que fue realizado para la Hermandad del Gran Poder de Dos Hermanas y que posteriormente pasó a la del Prendimiento de Sanlúcar de Barrameda, desde la cual ha llegado a Jerez.

La estampa del Cristo de la Salud en la calle llamó poderosamente la atención. Es un crucificado atribuido a Diego Roldán, del siglo XVII, y que fue titular de la desaparecida Cofradía de los Dolores del monasterio de Belén, donde compartió calvario con la actual Esperanza de la Yedra.

Precisamente por ese motivo se integró en su cortejo un nutrido grupo de nazarenos de la cofradía de la madrugada del Viernes Santo. La capilla musical Sonos Angeli precedió al paso, al mando de cuya cuadrilla de costaleros estuvo Miguel Ángel Jaén.

Viendo este conjunto en la calle resultaba imposible no evocar la memoria de Diego Romero Fabiere, fallecido hace poco menos de un año, o del siempre recordado Paco Bazán. Dos hermanos mayores que hubieran dado parte de su vida por disfrutar los momentos que ayer nos regaló su cofradía.

Y faltaba todavía por abandonar el interior del templo el paso de palio de la Virgen de los Dolores, una imagen que ha redescubierto el vestidor José Carlos Gutiérrez y que preside un paso que -siendo el mismo de siempre- tampoco lo parece gracias a la pericia de un equipo de mayordomía casi insuperable. Tomás Sampalo dirigió a la cuadrilla de costaleros. La música -fúnebre- la puso la Banda Municipal de Gerena, que ya de recogida interpretó la marcha ‘Nuestra Señora de la Soledad’, de Germán Álvarez Beigbeder.

Por si todo eso fuera poco, a las seis menos veinte de la tarde inició su salida la Hermandad de la Amargura. Si en San Lucas estuvo presente el recuerdo de Diego Romero, por Los Descalzos también pareció revolotear el alma de Carlos Orellana, otro antiguo hermano mayor que nos dejó hace apenas unos meses. La cofradía vivió sus mejores momentos en la calle Naranjas y a su regreso por la plaza de las Angustias, en plena madrugada ya del Jueves Santo. La Banda de Cornetas y Tambores del Nazareno de Huelva puso sus sones al Señor Flagelado, mientras que Julián Cerdán acompasó el siempre elegante caminar del palio de María Santísima de la Amargura. Paco Yesa estuvo un año más al frente de las cuadrillas de costaleros.

La Hermandad del Prendimiento partió de Santiago a las siete y cuarto de la tarde. En esta ocasión, la cofradía prescindió del recorrido por el barrio para buscar la calle Ancha rodeando el templo del apóstol. El Prendimiento es otra cosa, algo que no se parece a nada. Y ahí radica buena parte de su grandeza. La devoción al Señor trasciende a la propia cofradía y va más allá incluso de confesiones y credos. El paso de misterio estrenó el acompañamiento de la Banda de Cornetas y Tambores del Gran Poder de Granada, ejerciendo Juan Montero como capataz. El obispo, José Mazuelos, llegó a tocar el martillo cuando el Señor del Prendimiento iniciaba prácticamente el regreso a su barrio, allá por el Barranco.

El palio del Desamparo es una de las grandes joyas de la Semana Santa de Jerez. Consciente de ello, la hermandad está volcando sus esfuerzos en restaurarlo. Este año le tocaba al juego de varales. La Banda del Nazareno de Rota fue la encargada de poner música a este compendio de arte.

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