La bella paradoja de la Piedad

La dolorosa del Viernes Santo ya está en el templo patronal de la ciudad

Todo empezaba con un hecho que parecía contrario a la lógica: la Piedad con los rayos radiantes del sol en lo más alto del cielo jerezano. Así se ponía la dolorosa del Viernes Santo en la calle este jueves, festividad de Todos los Santos, para ser trasladada hasta la Basílica de Nuestra Señora de la Merced Coronada con motivo de los 300 años de su bendición. Una imagen insólita del imponente palio de la cofradía del Santo Entierro, como lo era la propia estampa de la dolorosa sin el misterio del duelo.

Esta vez no sonaba Piedad de Parrilla a la subida de la oscura calle Taxdirt, sino más bien al contrario. La luz mostraba el luminoso palio cuesta abajo con la tradicional riada de personas acompañándolo.

La mañana invitaba al disfrute con la Virgen de la Piedad por las calles del que es su barrio: Santiago. Las entrañas del arrabal jerezano recibían al palio que comanda Juan Antonio García, con saludo a la parroquia incluido, donde se situaban las cofradías con sede en la collación.

De allí a la Basílica, donde la cofradía se adentró pasadas las dos y media de la tarde. En el templo mercedario, la dolorosa presidirá el triduo que conmemora los tres siglos de su bendición y, posteriormente, en la jornada del próximo domingo, volverá a la Real Capilla del Calvario en procesión extraordinaria.

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