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OPINIÓN

Y encima es de Bornos…

La opinión de Francisco C. Aleu

El Consejo ha cerrado el largo y tedioso verano con el nombramiento del pregonero, que de nuevo nos coloca mirando hacia una nueva primavera.

Y eso parece haber pillado a contrapié a quienes se empeñan en mirar siempre al pasado, a aquellos que añoran las reuniones de mediodía en los casinos de pueblo en las que se escribía la historia del resto del mundo.

El pregonero es Pablo Baena, un hombre que no ronda esos imaginarios casinos de toda la vida. Y encima, dicen, no es de Jerez. Ni siquiera de Sevilla, porque vino a nacer en Bornos.

Vienen a cuestionar la partida de nacimiento esos jerezanos de pro que, como buenos jerezanos de pro, andan en la marabunta de las calles hispalenses buscando el modo y manera de hacerse un ‘selfie’ que demuestre que estuvieron a menos de doscientos metros de la cola del caballo de Triana cuando Pablo -que es de Bornos– arroja miles de pétalos a la Esperanza de la Yedra o sigue los pasos de Jesús. Del Jesús de Cristina, de ese Jesús al que dejan solo esos jerezanos de pro que ahora lloran por las esquinas la ausencia de Villamarta de uno de los suyos.

Añoran la vuelta a las componendas de los viejos casinos, donde lo mismo se repartían varas que pregones y donde nunca faltaba el correveidile que subiera al balcón del vocero mayor del pueblo para contarle al oído las últimas intrigas a cambio de que su nombre apareciera en la penúltima línea de los ecos de sociedad cuando le tocara recibir la felicitación por su onomástica.

¿Y quién es ese Pablo al que no hemos visto por este imaginario casino? ¿Quién es ese chaval que ha osado alterarnos el final de nuestro verano cuando andábamos dándole vueltas a recursos, decretos y normativas con las que crucificar al lucero del alba?

Pues Pablo es uno de tantos que no entran en esas historias raras que no interesan a nadie. Pablo es uno de esos que vive por y para la Semana Santa, que recorre media Andalucía para que a la Santísima Virgen no le falte de nada sea cual sea su advocación o rango.

Este Pablo es el mismo que se trajo hasta el mismo corazón de Jerez un altar completo para honrar al Santísimo mientras esos jerezanos de pro de imaginarios casinos y componendas le dejaban la vara al chavalote que encontraron más a mano para cambiar la procesión por la barra del bar.

No tiene el Pregón escrito, ni ha pensado mil y una veces cómo va a despertarse el Domingo de Pasión. A Pablo, de hecho, lo que más trabajo le costará ese día será no estar en la calle, separarse de la Santísima Virgen por unas horas para colocarse delante de un montón de gente que a la hora del final se pondrá en pie para que se le vea bien que aplaude aquello que ahora tanto critica a escondidas.

Anda revuelto ese casino imaginario, desconcertado ante la elección del Consejo. El pregonero no es uno de los suyos (ni falta que hace). Y encima es de Bornos…

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