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Sumidos en la melancolía de unas vísperas que parecen eternas

Las cofradías pudieron mostrar a sus titulares, algo que no ocurrió el año pasado, celebrando cultos internos que sustituyeron a las estaciones de penitencia

La cola de personas que se disponía a visitar la capilla de los Desamparados / Foto: Cristo García

“Quedémonos con las vísperas, con ese temblor de espera, con ese desperezo de capullo que ya no es yema ni que aún es rosa, quedémonos entre dos luces de aguardo en una especie de impaciente lubricán en las veras de la aurora”.

Así describía Antonio García Barbeito la felicidad suspendida de quien sabe que en cuanto despierte verá cumplido el sueño acunado durante todo el año.

El problema surge cuando esas vísperas no conducen al puerto anhelado, cuando el común deseo de parar el tiempo en la mañana de los ramos y las palmas se torna en imposible empeño por lograr justamente lo contrario.

El cofrade se siente en una suerte de Getsemaní en el que implora que el amargo cáliz de portones cerrados y ausencia de tarimas pase ante sí lo más rápido posible.

Los naranjos lloran azahar y el tiempo acompaña a vivir esta incipiente primavera en la calle.

Las terrazas de los bares del centro se muestran repletas.

Por las calles camina gente vestida de Domingo de Ramos con semblante de noche de Viernes Santo.

En las sedes de las cofradías que debían haber puesto sus imágenes en las calles se respira un extraño ambiente en el que se entremezclan la melancolía y la esperanza, al menos la confortable sensación de haber sobrevivido a un año demasiado duro.

La jornada arrancó poco después de las ocho de la mañana en el polígono de San Benito, con el traslado del Cristo de la Clemencia y la Virgen de Salud y Esperanza al colegio Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús de Montealto.

Apenas unos minutos bastaron para que los titulares de la cofradía del Martes Santo alcanzaran la que va a ser su sede estos próximos días, en un intento de ganar aforo y permitir la máxima asistencia posible a los cultos que se preparan como alternativa a la salida procesional.

La Hermandad de la Borriquita celebró su misa de palmas a las diez de la mañana en el patio de la escuela de San José, esta vez sí con presencia de cofrades de la corporación lasaliana.

Ya por la tarde un Vía Crucis a puerta cerrada sustituyó la estación de penitencia.

Durante todo el día fueron muchas las personas que se acercaron a reencontrarse con Cristo Rey y la Virgen de la Estrella, que este martes se ofrecerá en ceremonia de veneración.

Los titulares de la Hermandad de Pasión se mostraron durante todo el día en la parroquia de los Dolores, al igual que la Virgen del Perpetuo Socorro, en una ermita de Guía en la que se echó en falta al Cristo del Perdón.

También aquí hubo ocasión de rezar el Vía Crucis a la misma hora a la que la cruz de guía tendría que haber iniciado su recorrido hacia la Puerta del Arroyo. Luego llegó la plegaria de José Mari Núñez y José Ángel Lupi.

El Señor del Consuelo y Madre de Dios de la Misericordia recibieron a un río de devotos en la basílica de la Merced.

La dolorosa se mostró bajo su palio de salida en el lugar que suele ocupar cada Domingo de Ramos, mientras que el Señor ocupó el presbiterio.

Los hermanos rezaron unas preces a puerta cerrada sobre las cuatro de la tarde, en un momento de intimidad que el año pasado no pudo siquiera llevarse a cabo.

Luego llegarían las saetas y la plegaria de Lidia Hernández ante las plantas del Señor del Consuelo.

Las reducidas dimensiones de la capilla de los Desamparados no fueron obstáculo para visitar al Señor de la Coronación de Espinas y María Santísima de la Paz en su Mayor Aflicción.

Con acierto, la hermandad mantuvo las dos puertas del templo abiertas de par en par, habilitando un circuito de entrada y salida.

Las veneraciones de ambas imágenes se iniciaron además el viernes, lo que permitió de algún modo escalonar las visitas.

La Hermandad de las Angustias celebró un acto penitencial entre las 16.30 y las 19.00 horas a puerta cerrada, rotando a sus hermanos en turnos de media hora para no sobrepasar el aforo.

La capilla del antiguo humilladero estuvo abierta durante el resto del día, con su titular ocupando el centro de un altar de gusto exquisito que podrá disfrutarse durante toda la Semana Santa.

A estas citas se sumaron otras, como las veneraciones de la Esperanza de la Yedra en su capilla; del Señor de la Redención y María Madre de la Iglesia Auxiliadora del Pueblo de Dios en el Santuario de María Auxiliadora; del Cristo de la Exaltación y María Santísima de la Concepción en la parroquia de las Viñas; o del Cristo de la Lanzada en la basílica del Carmen.

A mediodía, la cola de personas que se disponía a visitar a la Esperanza de la Yedra llegó a alcanzar tal magnitud que fue necesaria redirigirla hacia la calle Empedrada para no alterar el tráfico a instancias de la propia Policía Local.

También desde este domingo puede visitarse en San Juan de los Caballeros el calvario al que la Hermandad de la Vera Cruz ha dado forma sobre su paso de misterio, en el que comparten espacio el Cristo de la Esperanza, la Virgen de las Lágrimas, San Juan Evangelista, Dimas y Gestas.

Jerez vive ya su Semana Santa, entre la melancolía y la esperanza. Estamos vivos y en la calle, que no es poco, pero el reloj se quedó hace tiempo parado en unas vísperas que no terminan de llevar a ninguna parte, en unas vísperas huérfanas de ese temblor de espera del que hablaba Antonio García Barbeito.

Imágenes: Cristo García

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