Pinceladas cofradieras del Domingo de Ramos: Avanzando sin complejos

Dos de las Hermandades que más han cambiado sus iniciales conceptos son las protagonistas de dos de los grandes estrenos de la Semana Santa 2022
Foto: Cristo García

Los hombres proponen y Dios dispone y parece que ha dispuesto que dos de las Hermandades que más han cambiado sus iniciales conceptos sean las protagonistas de dos de los grandes estrenos de la Semana Santa 2022.

De una parte la presencia de los dos ladrones junto al Cristo del Perdón y, de otra, el nuevo paso de Nuestra Señora de Loreto. Y es que gente como Paco Asencio, Álvaro Ruiz Moreno o Manolo Castilla, desde los balcones de los cielos, estarán orgullosos de cómo esa cofradía que ellos soñaban en 1963 y que lograron poner en las calles diez años más tarde, ha logrado encontrar su sello y su sitio aunque sea en un Domingo de Ramos, lo que les resultará extraño por aquello de que sus propósitos iniciales eran los de de cerrar la Noche de Jesús, no Madrugada como la queremos llamar ahora en Jerez, aunque fuese pagando el peaje de pasar del Sábado Santo primerizo a abrir la tarde del Viernes Santo. Cambios de días, de sede, de túnica, incorporación de música detrás de ambos pasos y de esos monaguillos que aportan una nota diferencial a un cortejo donde ningún menor de 14 años podía integrarse.

Los hermanos del Perdón han avanzado, han sabido ir cambiando sus formas sin prisas y sin pausas y, sobre todo, sin complejos. Como no los tuvo la Hermandad de la Exaltación cuando cambió de talla cristífera o la más joven de La Salud de San Rafael o como La Cena no tuvo reparos en pasar del Jueves al Martes y luego al Lunes o en quitar las blancas túnicas de los hermanos de la Virgen unificando a todos en un solo hábito, como lo hizo igualmente La Candelaria o hace poco La Vera Cruz, sin que por ello se rasgasen vestiduras.

Las hermandades, las cofradías, nacen y luego se van haciendo, siempre buscando mejorar como ha mejorado la de Loreto, que abandonó las capas blancas y los antifaces del mismo color por el morado de cola, y dejó atrás los sones musicales de cornetas y tambores para convertirse en otra totalmente distinta a la que diseñaron los vecinos de San Pedro en los finales de los años 40 y, seguro, que Luis Mateos, el farmacéutico de la de Muñoz Pan en calle Medina, levantará su bastón en señal de gozosa aprobación.

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