España vivirá uno de los mayores desafíos económicos de los últimos tiempos: la jubilación de la generación más numerosa de su historia reciente, lo que incrementa el gasto de pensiones de la Seguridad Social y demás prestaciones, mientras disminuye la proporción de trabajadores que aportan al sistema. Estos dos factores están provocando tensión de forma creciente en todas las cuentas de la Seguridad Social, déficit que continúa en aumento desde los últimos 20 años.
Si necesitamos entender la magnitud del problema, solo basta con analizar la evolución financiera del organismo. De acuerdo a las previsiones para 2025 adelantadas por Fedea, el sistema ha pasado de registrar un superávit en 2005 a tener un déficit que bordea los 70 millones de euros en la actualidad. El agujero contable se cubre, casi en su totalidad, a través de transferencias del Estado, y que son financiadas con impuestos y deuda pública.
El deterioro y crisis del la Seguridad Social
Hace 20 años la situación de la Seguridad Social era completamente diferente. En 2005, la entidad ingreso 103.555 millones de euros y solo 4.349 millones (aproximadamente el 4%) provenían de transferencias estatales para cubrir gastos no contributivos. En ese momento, las cotizaciones sociales eran suficientes para cubrir las prestaciones contributivas, sobre todo las pensiones.
La crisis del año 2008 marcó un punto de inflexión en la Seguridad Social. El aumento de desempleo redujo sobremanera los ingresos por cotizaciones, que son la mayor fuente de financiación del sistema. En ese año, la recaudación por cotizaciones alcanzó los 114.797 millones y no volvió a recuperar ese nivel hasta casi 10 años después.
Los ingresos se estancaban y el gasto continuaba creciendo, impulsado por el envejecimiento de la población. Ya en el año 2011 la Seguridad Social entró por primera vez en déficit y desde ese momento el desequilibrio continuó agravándose. Luego de la gran recesión, la recuperación económica y el crecimiento del empleo, sobre todo después de la pandemia, se ha permitido que los ingresos vuelvan a aumentar.
Es importante indicar que la recaudación por cotizaciones contributivas ha crecido un 90,1% pasando de 92.929 millones a 176.618 millones de euros. Sin embargo, en contrapartida el gasto ha crecido mucho más rápido. Las prestaciones contributivas han aumentado un 175%, pasando de 78.975 millones de euros en 2005 a 217.490 millones en 2024. El crecimiento responde al aumento del número de pensionistas y al mayor importe medio de las pensiones.
Pensiones más altas en la Seguridad Social
El número de pensiones contributivas activas aumentó en 2,3 millones desde 2005, esto supone un crecimiento del 28,8%. A este aumento se le suma un factor importante: las nuevas generaciones de jubilados cumplieron carreras laborales muy largas y sobre todo estables, dándoles derecho a prestaciones más elevadas.
Esto ha provocado que el importe de la pensión inicial, la que se recibe a jubilarse, se ha triplicado en los últimos 20 años. A esto también se debe agregar los costes derivados de la revalorización anual de las pensiones, las cuales se han duplicado, así también como el aumento de complementos a mínimos y otras ayudas, como el complemento para reducir la brecha de género.
Y en ese sentido, para cubrir el déficit, el Estado ha tenido que transferir cada vez más fondos a la Seguridad Social. En 2024, estas transferencias alcanzaron los 61.344 millones de euros, cifra 14 veces superior a la registrada dos décadas atrás.






