En un hecho que ha generado una fuerte controversia internacional, la máxima autoridad de la Iglesia católica en Tierra Santa, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, fue impedido de acceder a la Iglesia del Santo Sepulcro por la policía israelí. El incidente ocurrió el Domingo de Ramos, fecha que marca el inicio de la Semana Santa para millones de cristianos en todo el mundo. El patriarca latino, acompañado por el reverendo Francesco Ielpo, tenía previsto celebrar una misa en el lugar que la tradición cristiana señala como el sitio de la crucifixión y resurrección de Jesucristo.
La medida provocó una ola de críticas inmediatas tanto de líderes eclesiásticos como de la comunidad internacional, que vieron en el acto una grave afrenta a la libertad de culto.
La seguridad, el argumento oficial de Israel
El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, defendió la actuación de las fuerzas de seguridad, atribuyéndola a preocupaciones «especiales» de seguridad. Según su gobierno, se había emitido una solicitud general para que los fieles de «todas las religiones» evitaran visitar los lugares sagrados de la Ciudad Vieja de Jerusalén. Esta directriz se enmarca en las tensiones derivadas de los recientes ataques perpetrados por Irán y el conflicto que, según fuentes policiales, enfrenta a Estados Unidos e Israel contra Irán desde el 28 de febrero.
Netanyahu precisó que los lugares de culto cristianos, judíos y musulmanes han sido «blanco reiterado» de ataques iraníes. En un comunicado, afirmó que «fragmentos de misiles impactaron a escasos metros de la Iglesia del Santo Sepulcro», presentando la decisión como una medida temporal y carente de «intención maliciosa».
Indignación internacional y de la Iglesia
La respuesta a la prohibición fue contundente. El Patriarcado Latino de Jerusalén emitió un comunicado en el que calificaba el suceso como un «grave precedente» y una muestra de desconsideración hacia la sensibilidad de miles de millones de creyentes.
«Primera vez en siglos»
La oficina del cardenal Pizzaballa denunció que era «la primera vez en siglos» que a un patriarca latino se le negaba el acceso al Santo Sepulcro en Domingo de Ramos. Calificaron la decisión de «apresurada y fundamentalmente errónea», además de «terrible y gravemente desproporcionada», asegurando que la Iglesia había cumplido con todas las restricciones impuestas previamente.
Líderes mundiales condenan la medida
El incidente escaló rápidamente a nivel diplomático. El embajador estadounidense en Israel, Mike Huckabee, lo describió como un «exceso desafortunado» y «difícil de entender o de justificar», especialmente porque los religiosos intentaban entrar de forma privada, sin procesión y muy por debajo del límite de 50 personas para reuniones. Desde Europa, la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, habló de «una ofensa» a la libertad religiosa, mientras que el presidente francés, Emmanuel Macron, condenó la acción en el contexto de un «preocupante aumento de las violaciones del estatus de los Lugares Santos». En Roma, el papa León XIV expresó su solidaridad con los cristianos de Medio Oriente afectados por el conflicto.
Intentos de rectificación y contexto del incidente
Ante la magnitud de la crisis, las autoridades israelíes buscaron calmar la situación. El primer ministro Netanyahu aseguró que el cardenal Pizzaballa tendría «acceso pleno e inmediato» a la iglesia, y que se estaba trabajando en un plan para facilitar las celebraciones durante el resto de la Semana Santa. Por su parte, el presidente israelí, Isaac Herzog, se comunicó directamente con el cardenal para expresarle su «gran tristeza» por el «desafortunado incidente» y reafirmar el compromiso de su país con la libertad de culto. Cabe destacar que, debido a las restricciones generales, la tradicional procesión del Domingo de Ramos hacia la ciudad ya había sido cancelada.




