Cada año, durante la campaña de la Renta, un error recurrente sitúa a numerosos propietarios de viviendas en el punto de mira de la Agencia Tributaria: la declaración incorrecta de los rendimientos generados por sus inmuebles. Aunque la normativa es clara, el desconocimiento o el descuido llevan a muchos contribuyentes a cometer fallos que no solo acarrean sanciones económicas, sino que también les privan de importantes beneficios fiscales, convirtiendo una simple omisión en un problema de gran envergadura.
El doble castigo de Hacienda por no declarar alquileres
El fallo más habitual y costoso, según advierten los asesores fiscales, es la omisión total o parcial de los ingresos obtenidos por el alquiler de una vivienda. La Agencia Tributaria, gracias al cruce de información con bases de datos como el Catastro Inmobiliario, identifica con gran eficacia cualquier discrepancia. Cuando esto ocurre, el propietario no solo debe regularizar su situación pagando los impuestos adeudados con los correspondientes intereses de demora y una posible sanción, sino que se enfrenta a una segunda penalización mucho más severa.
Pérdida de reducciones: la penalización clave
La Ley 35/2006 del IRPF establece un incentivo fiscal muy atractivo para quienes alquilan un inmueble como vivienda habitual. Los propietarios pueden aplicar una reducción sobre el rendimiento neto positivo que oscila entre el 50% y el 90%, dependiendo de factores como si se alquila a jóvenes o si se rebaja la renta en una zona de mercado tensionado. Sin embargo, existe una condición indispensable para acceder a esta ventaja: haber declarado los ingresos de forma voluntaria y correcta desde el primer momento. Si es Hacienda quien detecta la omisión, el contribuyente pierde automáticamente el derecho a aplicar estas reducciones, lo que dispara la factura fiscal de forma exponencial.
Gastos deducibles y amortización: oportunidades perdidas
Declarar correctamente los ingresos es solo una parte de la ecuación. Para calcular el rendimiento neto, el contribuyente puede deducir una serie de gastos necesarios para la obtención de dichas rentas. Entre ellos se encuentran los intereses de la hipoteca, los gastos de reparación y conservación, los tributos como el IBI, las tasas de basura o los gastos de comunidad. Aplicar estas deducciones de forma incorrecta, ya sea por exceso o por defecto, también puede generar problemas y perjudicar al declarante. Además, muchos olvidan deducir la amortización del inmueble, que generalmente corresponde a un 3% del mayor valor entre el coste de adquisición o el valor catastral, excluyendo el suelo. Este concepto, a menudo ignorado, puede reducir significativamente la base imponible.
La renta imputada: el impuesto por las segundas viviendas vacías
Otro error frecuente afecta a los propietarios de segundas residencias que no están alquiladas. La normativa fiscal obliga a declarar una renta imputada por estos inmuebles, que se calcula aplicando un porcentaje sobre su valor catastral. Se trata de un rendimiento que el contribuyente debe incluir en su declaración aunque no haya percibido ningún ingreso real por la vivienda. Ignorar esta obligación es una de las discrepancias que Hacienda detecta con mayor facilidad, lo que puede dar lugar a una regularización y la correspondiente sanción. Por ello, es fundamental revisar los datos fiscales y asegurarse de que todas las propiedades, estén o no arrendadas, figuran correctamente en la declaración. El calendario de la campaña, que según el texto original se extiende del 8 de abril al 30 de junio de 2026, marca el plazo para cumplir con estas obligaciones.
¿Qué es el error más grave de los propietarios en la Renta?
El error más grave es no declarar los ingresos obtenidos por el alquiler de una vivienda o hacerlo de forma incompleta. Esta omisión no solo obliga a pagar los impuestos atrasados con recargos y sanciones, sino que provoca la pérdida automática del derecho a aplicar las importantes reducciones fiscales sobre el rendimiento neto, que pueden llegar hasta el 90%, lo que multiplica el impacto económico para el contribuyente.
¿Qué pasa si Hacienda descubre un alquiler no declarado?
Si la Agencia Tributaria detecta un alquiler no declarado, iniciará un procedimiento de regularización. El propietario deberá abonar la cuota que dejó de ingresar, junto con los intereses de demora. Además, perderá el derecho a aplicar las reducciones por alquiler de vivienda habitual y se enfrentará a una sanción económica que dependerá de la gravedad de la infracción.
¿Debo pagar impuestos por una segunda casa si está vacía?
Sí, para una segunda vivienda que no sea la habitual y no esté alquilada, debes declarar una renta inmobiliaria imputada. Este es un rendimiento que Hacienda estima que genera la propiedad por el simple hecho de tenerla a tu disposición, y se calcula aplicando un porcentaje sobre el valor catastral del inmueble, que debe incluirse en la base imponible general del IRPF.



