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Y Jerez abrazó su cruz

La crónica del Martes Santo

La jornada del Martes Santo supuso otro día histórico para la Zona Sur, que, tras la incorporación de La Sed al cupo de las cofradías del Domingo de Ramos al Viernes Santo, fue participe de cómo otra de sus corporaciones, la de La Salud de San Rafael, daba otro paso más en pro de su madurez.

Y no fue algo baladí para los de la humilde Barriada Federico Mayo, ya que, después de más de trece años de trabajo incansable, lograron desligarse de la condición de hermandad de vísperas para su fortalecer su vínculo con la ciudad y exhibir la fe que emana de la dulce y serena mirada del Señor de la Salud.

Todo esto sazonado con momentos que atestiguaron que, en efecto, 2019 será recordado por esa singladura triunfal plagada de lágrimas, aplausos y, cómo no, abrazos.

Foto: Adrián Muñoz

Muestras de cariño que también se multiplicaron luego de la entrada de la Hermandad de la Clemencia, cuya agrupación musical estrenó galones de manera exitosa detrás del paso de los Hermanos Caballero, motivo por el cual se sucedieron los gestos para con los conmovidos integrantes de esta formación.

Desde San Benito hasta el centro y desde el centro hasta San Benito los del polígono abanderaron ese carisma de barrio que se conjuga mediante la pasión y la armonía con la que fue discurriendo e imprimiendo grandeza en todos los puntos de su itinerario, mas principalmente en la Calle Tornería, donde una profusa petalada desencadenó el júbilo y los momentos de ese esplendor que el viento había conseguido borrar de las candelerías.

Foto: Adrián Muñoz

Por otro lado, y contrastando con todo lo anterior, Humildad y Paciencia puso la mesura y el rigor penitencial en el transcurso de su desfile procesional, en el que además no faltaron novedades –avances en la talla de la canastilla del paso– ni los rasgos propios de una corporación que se identifica con la Orden de la Santísima Trinidad.

Foto: Adrián Muñoz

Y, precisamente, también tiene una especial ligazón la congregación fundada por Juan de Mata con la devoción en torno a Nuestro Padre Jesús Cautivo, que ayer marchó con especial grandeza, toda vez que estrenó su condición de su imagen cincuentenaria.

El Cristo del Amor se presentó de nuevo en ese calvario tan unido al arraigo de las cofradías jerezanas, con el que franqueó los vetustos rincones del callejero a los sones magistrales de la Banda de la Coronación de Espinas de Córdoba.

Foto: Adrián Muñoz

Y si hablamos de pentagramas, no podemos pasar por alto la melodía de la Centuria Romana Macarena, que regresó para poner la sintonía a la rectitud castrense de La Defensión.

Un talante que, en Capuchinos, se desglosó desde la renovación del voto del ejército hacia el titular cristífero hasta los últimos compases de una estación de penitencia no exenta de porte en los recios altares itinerantes de estas fidedignas representaciones del fervor.

Foto: Adrián Muñoz

Y por último, El Desconsuelo se echó a las calles a fin de conservar su clasicismo hecho alborozo, así como para afianzar el multitudinario vínculo que quedó patente en el devenir de unas horas teñidas de rojo y negro.

No quedaron dudas de la magnitud superlativa de esta hermandad que no obvia los detalles – el palio portó una escarapela con la bandera francesa como homenaje al país vecino, un día después del incendio de la Catedral de Notre-Dame– y, que, por enésima vez, invocó al público hasta la madrugada para protagonizar ‘chicotás’ e instantáneas curtidas en la indiscutible piedad popular.

Foto: Adrián Muñoz

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