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Recomendaciones del Obispado de Asidonia-Jerez para prevenir el contagio del coronavirus

Monseñor Mazuelos aconseja “evitar el miedo y el sensacionalismo”

Después de las advertencias comunicadas ayer por la Conferencia Episcopal Española para prevenir el contagio del coronavirus y las indicaciones de su secretario general, Luis Argüello, de que serán las diócesis las que ofrezcan sus propias pautas, el Obispo de Asidonia-Jerez, monseñor Mazuelos Pérez, ha realizado en el día de hoy las siguientes recomendaciones:

«Ante la epidemia del coronavirus tengo que decir como médico que, hasta ahora, nos faltan datos para establecer medidas cautelares drásticas y habrá que esperar el parecer de los especialistas con base científica y epidemiológicas. A día de hoy, sólo podemos dar algunas recomendaciones para ayudar a evitar el contagio. La fundamental es la responsabilidad de aquellos que padezcan enfermedades respiratorias de no acudir a actos masivos y acudir a los servicios sanitarios para descartar la enfermedad cuando los síntomas así lo aconsejen.

Todos tenemos que evitar en la medida de lo posible prácticas que favorecen el contagio, que sabemos que se produce por gotas a través de la boca y de las manos. Para ello, como Obispo, recomiendo a los fieles de la Diócesis de Asidonia-Jerez:

1.- Incrementar la higiene de las manos de todos los fieles, recomendándoles a los sacerdotes y diáconos lavarse las manos antes y después de la Eucaristía, y a ser posible usando algún desinfectante.

2.- Evitar los besapiés, besamanos y tocamientos en las imágenes, a no ser que las Hermandades garanticen adecuadamente que se pueda limpiar después de cada fiel, usando prudentemente en los purificadores el desinfectante adecuado que respete la conservación del patrimonio artístico.

3.- Quitar el agua bendita de las Iglesias.

Dicho esto, sólo recomendar la obediencia a las autoridades sanitarias, que marcarán las pautas a seguir según las circunstancias del lugar y de la población afectada por la enfermedad.

Y sobre todo evitar el miedo y el sensacionalismo, que nos lleva a olvidar que somos discípulos de Cristo y que estamos llamados a ser testigos del amor de Dios mediante la tranquilidad ante la cruz de la enfermedad y la disponibilidad a ayudar a todos con nuestras oraciones y cuidado si fuera necesario como tantas veces a lo largo de la historia y como nos testificaron los hermanos de San Juan de Dios ante otra enfermedad más agresiva como el ébola.

Os invitamos a todos en esta cuaresma a pedirle al señor por todos los enfermos y a que abra vías para encontrar un tratamiento adecuado para esta nueva enfermedad».

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