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Viernes de fin de fábula

Último artículo de la premonitoria sección ‘Una Semana Santa cualquiera’, escrita por Pedro Pérez hace algunos años

Mira por donde, la ausencia de cofradías en la calle, en la afamada, en otros tiempos, “Madrugá” o “Noche de Jesús”, que es como nos gustaba apodarla por estos lares, ha provocado la desaparición de los “botellones” por las céntricas travesías de nuestra prodigiosa ciudad.

La carencia de hermandades realizando su estación de penitencia en los albores del Viernes Santo ha puesto de manifiesto la extraordinaria importancia que tenía dicha jornada en nuestra Semana Santa. Cuántas veces se le criticó y cuántas otras se le trató de buscar una solución a los supuestos problemas que padecía. Cómo la echamos de menos.

Ni la categoría silente del Santo Crucifijo; ni el luto blanco de las Cinco Llagas; ni el sabor añejo del Nazareno de Cristina; ni la sobriedad flamenca de la Buena Muerte y ni tan siquiera los Dolores de la Esperanza de la Plazuela se hicieron presentes por nuestras calles para despertarnos de un sueño de madrugada.

Pero el Viernes ha entrado de lleno y, como cualquier Viernes, hay que trabajar, pues el calendario festivo se ha encargado de permutar fechas, para que esta fiesta nacional, sea remplazada por otra más correcta políticamente.

Es por ello que no hay largas colas en La Rosa de Oro o en nuestros ancestrales conventos para obtener la dulce recompensa, amasada con el amor de la tradición cofrade, en forma de torrijas, alpisteras, roscos y arroz con leche. Y desde por la mañana temprano, las ojeras de los que habían pasado toda una noche en vela en derredor de nuestras Sagradas Imágenes, no se disimulaban con el júbilo de un buen papelón de churros de “La Vega”, ahora internacionalizada.

Ha llegado la tarde, las calles de mi Jerez muestran el cotidiano trajín de cualquier viernes del año. Solo algunos, colman su sentir cristiano, acudiendo a los obligados Santos Oficios. Otros tantos planifican el fin de semana con escapadas menos espirituales.

No hemos podido regocijarnos con el lisonjeo del Cristo de la Expiración por la calle Tornería, cuya Cruz había que girar para que no hiriera las tiernas paredes de tan cofradiero callejón. Las jacarandas de la Porvera deshojan su pena en forma de pequeñas hojuelas, sabedoras de que la Soledad no caminará asida a su espeluznante clavo, entre halagos costaleros. De los balcones del Barrio de la Vid, no penderán las colchas y mantones para rendir pleitesía a la primera Virgen Dolorosa que se coronó en Jerez. La calle Bizcocheros no saboreará el circunspecto cortejo de la Lauretana Hermandad del Loreto. La Piedad no despedirá las Estaciones de Penitencia de una Semana Santa que, en lo que a manifestaciones públicas en la calle, ya no existe, y seguirá soñando con su vieja aspiración de retornar al Sábado Santo.

Ya es hora de abandonar esta estúpida fábula, que ha querido revivir otros tiempos, que seguro que no volverán, donde algún que otro abyecto iluminado prohibió las manifestaciones públicas de fe. Hay que acrecentar este tesoro nuestro, con más hermanos comprometidos, más nazarenos, más costaleros, para que cada vez seamos más y no nos puedan eliminar de un plumazo. Dios seguro que también nos echa una manita. FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN ADELANTADA.

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