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Bendecida la nueva saya que Fernando Calderón ha bordado para la sevillana Virgen del Valle

Recrea una pieza perdida del siglo XVIII

La sevillana Iglesia de la Anunciación albergó en la jornada de ayer la bendición de la nueva saya que, para la bendita imagen de Nuestra Señora del Valle, ha realizado el bordador jerezano Fernando Calderón, recreando una pieza perdida del siglo XVIII con los grabados antiguos. Esta nueva obra sirve para completar el ajuar de la Hermandad del Valle, archicofradía que continúa volcada en la recuperación y enriquecimiento de su patrimonio.

A través de una estampa fechada en 1803 de la dolorosa atribuida a Juan de Mesa, el diseñador Gonzalo Navarro ha rescatado esta pieza que formó parte del ajuar de la dolorosa desde principios del siglo XIX. La misma cuenta con un dibujo que sigue la línea de los bordados sevillanos de finales del siglo XVIII y principios del XIX, con una estética encuadrable estilísticamente en el final del barroco-rocalla.

Saya realizada por el bordador jerezano Fernando Calderón para Nuestra Señora del Valle (Sevilla)

La recreación proyectada por el diseñador cartayero tiene como germen los bordados de esta corporación realizados en esa etapa por la sevillana Antonia Bazo, quien fuera camarera del Santísimo Cristo de la Coronación de Espinas, y de los cuales, “lamentablemente, la única pieza documentada aún conservada es la clámide de esta imagen“. Por ello, la hermandad ha tenido que acudir a las pruebas gráficas conservadas, como el grabado realizado en 1803 en Madrid por el calcógrafo calagurritano Manuel Albuerne, según dibujo de Pedro Madroño, así como una histórica fotografía de la Virgen anterior al incendio del 5 de julio de 1909 en el convento del Santo Ángel, donde presumiblemente se le perdió la pista a la saya.

El diseño de la pieza, según asegura Gonzalo Navarro, está inspirado en el grabado que “describe una decoración simétrica de carácter vegetal que ocupa la superficie inferior de la prenda y los extremos de las mangas”.

La pieza presenta, como también corrobora el diseñador, “tanto en uno como otro espacio una estrecha cenefa a base de curvas y contracurvas, sobre la que se sitúa otra cenefa de mayor entidad, en la que se entrelazan estilizadas rocallas y cuernos de la abundancia, rematada en la zona central superior con un ramillete de flores a modo de copete”.

Fernando Calderón ha reproducido, en la decoración del conjunto, las técnicas del bordado en oro propias de la época de las obras tomadas como inspiración, siendo el tipo de ejecución y las técnicas que nos remontan a aquellos tiempos, conjugando un bordado plano, hecho en gran porcentaje directamente sobre el soporte y que, además, portará mucha ornamentación de lentejuelas, canutillos, mostacillos y cristales, al igual que la clámide de Antonia Bazo. La ejecución de cartulinas en camaraña y los frescores de mallas enriquecidas también nos remontan a la época. Todo ello ha sido ejecutado en oro fino sobre terciopelo de seda color negro.

 

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