El último aliento en San Francisco

A la luz de las velas


Pues hoy derrama noche el sentimiento 
por todo el cerco de la lumbre pura, 
y amortecido el sol en sombra oscura, 
da lágrimas al fuego, y voz al viento; 

pues de la muerte el negro encerramiento 
descubre con temblor la sepultura, 
y el monte, que embaraza la llanura 
del mar cercano, se divide atento,

de piedra es hombre duro, de diamante 
tu corazón, pues muerte tan severa 
no anega con tus ojos tu semblante. 

Mas no es de piedra, no; que si lo fuera, 
de lástima de ver a Dios amante, 
entre las otras piedras se rompiera

– Francisco de Quevedo.


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