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OPINIÓN

Quien esté libre de pecado…

Tengo el privilegio de compartir un apellido con quien da nombre a un estudio de radio, a un premio nacional de periodismo y, sobre todo, con quien siempre fue respetado y querido por su labor. Dicen sus compañeros que lo echan de menos. Imagino, que tanto como su familia.

Juan Andrés García Rincón, ‘La voz de la campiña’, me hubiera pegado un par de tirones de oreja. Un par de reprimendas que tengan por seguro hubiera aceptado y de las que hubiese aprendido más que cuatro años de título universitario.

Y no le faltaría razón. He metido verdaderos patazos. He caído en tropecientos errores y aún lo hago. Pero quien tiene boca…

Se aprende y entonces, cuando ya se sabe, todavía se falla. Dos ejemplos. El primero, esta Semana Santa que acabamos de vivir. Confundí las advocaciones de Madre de Dios de la Misericordia y del Patrocinio mientras se saludaban en José Luis Díez la primera dolorosa con su ‘hermana’ de la Estrella, compartiendo ‘Quién te vio y no te recuerda’. Créanme que era consciente de que estaba retransmitiendo a la Hermandad de la Borriquita y sé perfectamente que Santa Marta sale el Miércoles Santo. Un error. El segundo, un poco más lejano, se dio en la presentación del cartel de la Semana Santa del presente año. Anuncié que tocaría marcha la banda de ‘La Sentencia’ en lugar de ‘La Clemencia’ y, vuelvan a confiar en mí, sabía perfectamente qué músicos se congregaban allí, porque fui yo quienes les fui solicitando algunas marchas durante el proceso de preparación del acto. Por cierto, que a la tercera vaya la vencida y el presentador o presentadora les presente de manera correcta. Dos años, dos patazos. Mea culpa.

Todo esto que les cuento no es sino para hacerles caer en la cuenta a quienes creen que ponerse ahí delante es fácil que están absolutamente equivocados. No lo es. No es sencillo manejar decenas de fechas, de nombres, de marchas (que a veces, por dudar, prefieres no mencionar…), autorías e incluso advocaciones, como ya les he ejemplificado.

Lo hacemos como buenamente podemos y sabemos. Seremos mejores o peores, pero quien se pone delante de un micrófono a contar lo que sucede en Semana Santa tiene todos mis respetos. Tanto, que ni a quienes han querido ponernos palos en las ruedas hemos querido molestar, con un rotundo éxito en nuestro propósito. No han sacado de nosotros un mal gesto ni una mala palabra, no hemos atacado de ‘intrusos’ a nadie sino que, si no llegaba con su móvil a un respiradero o una saeta, le hemos solicitado su dispositivo para ponerlo más cerca del sonido que imperaba. Eso es compañerismo y, si me apuran, periodismo. Oficio, en definitiva.

Así que quizás vaya siendo hora de leernos un poco la cartilla los plumillas cofradieros y evitar criticar a quien como nosotros se pusieron delante de un paso a grabar un buen día y ahora confían en él o ella emisoras locales o regionales. Todo mi apoyo a quienes se hayan sentido atacados por sus errores, de los que hay que ser conscientes y reconocerlos. No tengo más que decirles que hay un par de señores que aún me miran con cierto desdén por algo que creen que dije hace 6 años y que, desafortunadamente para ellos, no podrán probar porque jamás se produjo.

Solo hay un camino: aprender y empaparse de quienes son referencia en el mundo de la comunicación. Las críticas, como todo en esta vida, deberían ser respetuosas. Aunque por desgracia, estemos en la época de las indignaciones, los señalamientos y las lapidaciones 2.0.

Seguiremos aprendiendo porque nos seguiremos equivocando. Ah, y quien esté libre de pecado…

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