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OPINIÓN

Stella, Signum Fidei. La génesis de un sueño

Juan Infantes Sánchez/Luis Prieto Enríquez


En una noche de primeros fríos de noviembre, de vísperas de cultos a Cristo Rey, en la puerta de un tabanco se reunía en animada tertulia un grupo de inofensivos cofrades. En la conversación se destacaba una voz que decía: «… si alguna vez podemos plantearnos coronar a la Virgen, será necesariamente de la mano de La Salle».
Uno de los contertulios que oyó aquella frase aún no sabía que poco después sería Hermano Mayor de la Cofradía.

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Finalizaba el verano de 2006 y en Jerez nos preparábamos para celebrar los 125 años de la llegada a la ciudad de los Hermanos de la Escuelas Cristianas, los comúnmente conocidos como los Hermanos de La Salle. Pronto se conmemoraría la apertura de la primera casa jerezana de los Hermanos, un lejano 9 de octubre de 1882.

Para preparar adecuadamente la celebración del acontecimiento, La Salle no dudó en enviar a Jerez un primer espada. Así, en septiembre de 2006, el Rvdo. Hermano Diego Apresa Mancheño aterrizaba en la ciudad recién investido como Director General de La Salle en Jerez. Suya sería la más alta responsabilidad en la preparación de la conmemoración de la efeméride. Cualidades, experiencia y capacidad de trabajo puestas al servicio de la causa.

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En ´La Borriquita’, por aquellas fechas Alberto Aguilar Serena había asumido la presidencia de la Cofradía. Alguien que siempre había destacado por su enorme discreción y por huir de cualquier foco de atención se encontraba al frente de la Hermandad de su vida. Quién se lo hubiera dicho, pocos años atrás. ¿Los famosos renglones torcidos? Seguramente.

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Desde hacía algunos años el Rvdo. Hermano Alberto Gómez Barruso era Visitador de la Provincia de La Salle en Andalucía. Tras haber pasado por diferentes cargos y destinos, en aquellas fechas le correspondía ser abanderado de la labor de los Hijos del Gran La Salle en nuestra región.

En Jerez era bien conocido y especialmente querido tras haber pasado dos etapas en nuestra ciudad, en las que dejó una marcada huella en los colegios de San José y Buen Pastor.

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En su reconocimiento inicial y diagnóstico del estado de las obras lasalianas en la ciudad, el Hermano Diego pronto se acercó a la Hermandad de Cristo Rey. Y lo que allí encontró debió ser de su agrado, pues de inmediato presentó a la Cofradía como una potente plataforma de evangelización complementaria a la propia labor de los colegios. Así tomaba el testigo de algunos de los que le habían precedido en el camino: Hermanos Tomás Bengoa, Eleuterio José, Antonio Botella, Manuel Rodríguez…

Casi de inmediato, la Hermandad fue uno de los referentes del Hermano Diego en su nuevo destino, y durante sus primeros meses en la ciudad Alberto Aguilar se convirtió en uno de sus imprescindibles cicerones, tanto es así que, en su condición de Hermano Mayor, no dudó en incluirlo en la comisión organizadora de los actos conmemorativos del 125 aniversario de la llegada de La Salle a Jerez.

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En los primeros meses de 2007, andaba el Hermano Diego a vueltas con un asunto que le quitaba el sueño: cerrar el diseño de los actos de conmemoración del 125 aniversario con la celebración de un importante acontecimiento mariano. En una reunión trasladó esta cuestión a los restantes miembros de la comisión creada ad hoc para la ocasión. Mientras se desarrollaba la reunión y cada uno de los presentes trataba de dar respuesta a la inquietud del Hermano Diego, en la mente de Alberto Aguilar no dejaban de resonar aquellas lejanas palabras: «… si alguna vez podemos plantearnos coronar a la Virgen, será necesariamente de la mano de La Salle». Entonces se lió la manta a la cabeza y propuso plantear formalmente al Obispado la solicitud para la Coronación Canónica de la Virgen de la Estrella. Tras oír la propuesta, al Hermano Diego se le iluminó la cara, su vista se perdió en el infinito y, como en otras ocasiones, su mente comenzó a trabajar. Quizá en aquel momento empezó a redactar mentalmente algunas de las frases que incluiría poco después en el breve prefacio histórico del expediente de solicitud de Coronación: “Y es que la obra de La Salle no se entendería sin la constante presencia de María, a la que nuestro Instituto se refiere como Mujer libre, Madre de Dios, llena de gracia, Inmaculada en su concepción, Reina y Señora nuestra, Abogada, María humilde, buena Madre, Mujer corriente, glorificada por su Hijo, Obra maestra y ejemplar por sus virtudes”.

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«Bueno, pues ya está. Don Juan [del Río] ya sabe lo que pretendemos; se lo he dicho esta mañana. Ahora os toca a vosotros: tenéis que hablar con el Provincial, explicarle bien todo el asunto y conseguir que sea el que firme formalmente la solicitud. Además, iros pensando en darle forma al expediente».

Con estas palabras, el Hermano Diego ponía definitivamente la maquinaria en marcha. Estaba concluyendo la semana de Pascua de Resurrección. Alberto Aguilar recogía el guante y ponía al personal a trabajar. Debíamos repartir la tarea: por una parte, había que entrar en contacto con el Hermano Alberto, ponerle en antecedentes y solicitarle su apoyo; por otra, se hacía necesario diseñar la estructura del expediente y seleccionar a sus redactores. Dicho y hecho. La ilusión hizo que de inmediato nos pusiéramos a ello.

Existía la necesidad de adelantar al Obispado algún documento oficial de solicitud formal previo a la propia presentación del expediente. Siendo así, trasladamos el asunto al Hermano Alberto y, una vez obtuvo respuesta satisfactoria a la pregunta «¿A qué se obliga La Salle con todo esto?» (sic), se puso a entera disposición de la causa.

Se daba la circunstancia de que el Hermano Alberto estaba preparando su partida a Roma, donde en el inmediato mes de mayo iba a participar en el 44º Capítulo General del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, reunión de la familia lasaliana que se celebra cada siete años para revisar el camino andado, diseñar los retos futuros y nombrar a los más altos representantes lasalianos en el mundo. Así, el Hermano Alberto tendría la oportunidad de solicitar personalmente al Rdvo. Hermano Álvaro Rodríguez Echeverría, Superior General del Instituto, que la suya se convirtiera en la primera adhesión a la solicitud de Coronación Canónica de la Virgen de la Estrella.

No deja de resultar curioso que el Hermano Alberto llegara al Capítulo General como Provincial de Andalucía, y saliera del mismo como Consejero General de La Salle en Roma. ¿Casualidad? ¿Providencia? Por aquí nos gusta llamarlo ‘Las cosas de la Virgen’.

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El día 8 de mayo de 2007 – festividad lasaliana de Nuestra Señora de la Estrella – el Hermano Alberto firmaba en Roma la solicitud de Coronación Canónica dirigida al Excmo. y Rvdmo. Sr. Don Juan del Río Martín, Obispo de la Diócesis de Asidonia-Jerez. A dicha solicitud se adhirió formalmente el siguiente día 15 de mayo – festividad de San Juan Bautista de La Salle – el Rvdo. Hermano Álvaro Rodríguez Echeverría, Superior General.

El Hermano Alberto había cumplido con creces.

En cuanto los documentos llegaron a Jerez, nos invadió el entusiasmo. Casi de inmediato, el Hermano Diego los trasladó a la Autoridad Eclesiástica, en el convencimiento de que se obtendría gran resultado del contenido de los mismos. En contra de lo previsto, sus palabras tras regresar del Obispado supusieron un jarro de agua fría: «Hace falta un expediente que acompañe a la solicitud sí o sí; os doy dos semanas para terminarlo y presentarlo».

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Tras el desánimo inicial, Alberto Aguilar se ocupó de avivar la llama e insuflarnos nuevas fuerzas que permitieran cumplir el compromiso adquirido en el plazo que se nos pedía. Desde entonces se sucedieron maratonianas jornadas de trabajo, repasando libros de actas de la Cofradía, antiguas publicaciones lasalianas, recortes de prensa local, publicaciones de las más diversas clases y procedencias, documentos históricos, textos sobre la devoción a la Virgen de la Estrella, la Puerta de Sevilla, el Santuario de Monteburgo, etc. Jornadas que se iniciaban de forma ritual con la llamada del Hermano Mayor, interesándose por nuestro estado de salud mental – no era para menos, dadas las circunstancias -, y finalizaban con una nueva llamada al final de la tarde en la que cada día Alberto Aguilar nos pedía informes sobre los avances de nuestro trabajo. Una bendita locura que sin duda llegó a buen puerto porque tuvimos la suerte de contar con Eugenio Vega Geán, Agustín R. Pina Calle y Pablo J. Pomar Rodil, José Jácome González, Manuel R. Rosa Santiago, Manuel Fernández Maqueira (q.s.g.g.) entre los autores de los diferentes capítulos del expediente. Un verdadero lujo.

Como guinda del pastel, era muy importante lograr la adhesión del Sr. Cura Párroco de San Marcos, no sólo por su condición de Director Espiritual de la Cofradía, sino sobre todo por ser el custodio del cuadro de la Virgen de la Estrella al que durante siglos se encomendaban los que emprendían viaje desde Jerez tomando por la antigua Puerta de Sevilla. Nuestro queridísimo y recordado Don Carlos González García-Mier no lo dudó un instante, y se unió ilusionado al proyecto.

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Y se alcanzó el objetivo. El 15  de junio de 2007, una comisión de cofrades capitaneada por el Hermano Diego y por Alberto Aguilar comparecía en la sede del Obispado de Asidonia-Jerez para entregar el expediente de solicitud de Coronación Canónica de Nuestra Señora de la Estrella, jornada en la que Don Juan del Río, cuando vio entrar al Hermano Diego portando los tres tomos del expediente, nos dedicó el recordado: « ¿Pero ustedes no trabajan?»

Y desde entonces, trece años de oraciones, trabajo, esfuerzo, ilusiones, felizmente culminados el 26 de julio de 2020 con la lectura del ansiado decreto de Coronación Canónica de la Virgen de la Estrella.

Esta génesis pone de manifiesto que las casualidades no existen, que el Señor dispone en el momento preciso y lugar oportuno a determinadas personas. Unas nacidas para liderar; otras especialmente dotadas para el ejercicio del noble arte de la diplomacia; algunas destinadas a servir de inspiración a los demás; y tantas otras que se prestan incondicionalmente, con toda ilusión y Fe, a poner sus talentos al servicio de una elevada y digna causa. Algunos seguimos dando gracias a Dios por habernos permitido ser partícipes de lo vivido en aquellos días de 2007.

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(A modo de epílogo).

En uno de los pocos ratos de tranquilidad de los que el Hermano Alberto disfrutaba durante la celebración del Capítulo General, huyendo quizá por un instante de la vorágine propia del acontecimiento, en un discreto rincón de la Casa Generalicia en Roma, escribía:

“Nuestras miradas se centran en ti, / y nuestros corazones se postran a tus pies. / Tú eres la estrella matinal / que orienta el amanecer de nuestra vida / y el lucero vespertino / que iluminará el atardecer de nuestros pasos; / Tú eres el astro refulgente de epifanía/ que señala las rutas del espíritu; / la Estrella del mar, / que nos atrae hacia el único puerto seguro. / Sé para nosotros, tus hijos e hijas, / claridad en nuestras oscuridades y desasosiegos, / serenidad en las tormentas de la vida, / esperanza en las horas de duda y tentación, / guía hacia la luz imperecedera de Jesús, / fortaleza en nuestras debilidades y rebeldías, / amabilidad en nuestras relaciones con los demás, / y brújula certera que oriente nuestra misión educativa / y evangelizadora de La Salle hoy. / Virgen Santa de la Estrella, radiante de claridad y de ternura, / enséñanos a depositar cada día en tus manos maternales / nuestros ojos, nuestros pasos, / nuestra confianza y todo nuestro amor. Amén”.

El texto fue recogido como oración final del expediente. El Hermano Alberto, sin proponérselo, había hecho a la Virgen el primer regalo de su futura Coronación.

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