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OPINIÓN

125 aniversario de la reorganización de la Hermandad de la Coronación de Espinas

Por Alfonso Martín-Bejarano Ejarque

El 19 de enero de 1896 un grupo de comerciantes jerezanos se reunía en la iglesia de San Agustín con el firme propósito de reorganizar la antigua Hermandad de la Coronación de Espinas y salir en procesión ese mismo año. Contaban tan sólo con sesenta y ocho días para lograr semejante hazaña. En ese corto espacio de tiempo no sólo obtuvieron la aprobación de sus estatutos, sino que fueron capaces de construir unos pasos nuevos, restaurar las imágenes titulares y secundarias, y realizar la mayoría de los enseres necesarios para poner la cofradía en la calle en el glorioso Domingo de Ramos de ese mismo año, día 29 de marzo.

Este primer grupo estaba encabezado por el sacristán de San Agustín, Rafael Valero, junto con Justo Martínez Romero, Camilo Paniego García, Mateo Chamorro, Juan Juez, José Real, Antonio Gonzálvez, Lorenzo Tamayo y Juan López Andrade.

Antes que nada, se concentran en la elaboración de un presupuesto aproximado de lo que costaría poner la hermandad en marcha, los cultos y la procesión, valorándolos en unas 5.000 ptas. (unos 64.000 euros de hoy día). Para poder afrontar este importante desembolso inicial se cuenta con una suscripción popular a la que contribuyen 186 personas y entidades que aportan un total de 2.383 pesetas. La mayor partida del presupuesto, 1.600 pesetas, la conformaba la construcción de los pasos y restauración de las sagradas imágenes y los judíos.

De entre las diversas opciones recibidas, se adjudicó la del dorador y restaurador Manuel Daza Perea, con taller en la calle Bizcocheros nº 47, y su diseño “estilo renacimiento”, entre otras razones por las ventajosas condiciones de pago que ofrecía. El resto de adquisiciones fueron adelantadas por los propios organizadores de cuyo desembolso les iría resarciendo la Hermandad a medida que ésta pudiera. Antonio Gonzálvez se encargó de comprar toda la ‘plata Meneses’ necesaria. José Real, Mateo Chamorro y Camilo Paniego hicieron lo propio con cuantas telas y adornos de oro hicieron falta. El secretario Juan López Andrade llega a recoger en acta que “debido en particular a estos cuatro señores se llevará a feliz término lo que fue proyecto hace quince días”.

Fotografía cortesía de Francisco Lozano Romero

Para vestir a los futuros nazarenos el mismo Gonzálvez se encargó de pedir la confección de cuarenta túnicas a depósito “las cuales podrán utilizar las personas del sexo fuerte que tengan devoción de acompañar a las Sagradas Imágenes el día de la procesión”. Esta túnica sería “de algodón blanco con mangas perdidas y botones negros, capirote y cíngulo del mismo color y escudo de terciopelo carmesí, con bordado en seda blanca de una corona de espinas y la caña”.

Con la aprobación de los estatutos por el arzobispado, se celebra la primera junta general en la que se elige a la primera Directiva, se decide hacer un triduo a las imágenes veneradas los días anteriores al Domingo de Ramos y se acuerda realizar la procesión de penitencia “el Domingo de Ramos a las seis y media de la tarde y si no pudiere hacerse estación en el expresado día por causas justificadas, se hiciese el Miércoles o Jueves Santo a la indicada hora”.

La directiva quedó conformada por el Hermano Mayor, D. Antonio Gonzálvez; Tesorero, D. Camilo Paniego García; Secretario 1º, D. Juan López Andrade; Secretario 2º, D. Manuel Moguer; Consiliarios, 1º D. José Real Baena, 2º D. Lorenzo Tamayo y Ruz, 3º D. Mateo Chamorro, 4º D. Justo Martínez Romero, 5º D. Manuel Lara Corpas, 6º D. Alberto Martínez Martín, 7º D. Rafael Cáliz y 8º D. Francisco Pacheco; Celadores, 1º D. Julián Ussall, 2º D. Manuel Baleyrón, 3º D. Cristóbal Navajas y 4º D. Cándido Vegazo.

El triduo se desarrolló los días 26, 27 y 28 a las seis y media de la tarde y estaba compuesto de Estación Mayor, Corona Dolorosa, ejercicio del Santo Triduo y Sermón, todas las tardes predicado por el presbítero José Verea y Bejarano, de Sevilla, terminando con cánticos del Miserere y Stabat Mater por un orquesta que incluía tres voces. El sábado a las ocho de la mañana se daba la comunión general a los cofrades que les servía de cumplimiento pascual.

La procesión siguió el siguiente recorrido: San Agustín, Alfonso XII (hoy Arenal), Caballeros, Pedro Alonso, Plaza de las Angustias, Corredera, Consistorio, Yerba, Misericordia, Plateros, Francos, Tornería, Larga, Lancería, Alfoso XII, Monti, González Peña (hoy Manuel Mª González), Rosa, I. I. Colegial, Rosa, González Peña, Monti, Armas, Conde de Bayona, a su Iglesia.

Como en todo estreno que se precie, ese Domingo de Ramos no estuvo exento de incidentes. Según relata la crónica periodística “al pasar la procesión por la calle Tornería, sufrió el paso de la Virgen una fuerte sacudida, de cuya resulta, no solo se quebró una de las briseras, sino que se aflojaron algunos de los tornillos que sostenían las andas. A causa de este incidente, hubo que renunciar a hacer el recorrido anunciado, no visitando la Insigne Iglesia Colegial por temor a que al bajar las pendientes de las calles, que a dicha Insigne Iglesia conducen ,tuvieran que lamentar mayores perjuicios”. De inmediato se mandó una comisión a dar cuenta al Cabildo Colegial de lo sucedido y obtener la preceptiva dispensa, tiempo durante el cual la procesión se mantuvo detenida en la calle Lancería.

El Paso de la Virgen iba escoltado por cuatro guardias civiles a los que seguía el acompañamiento musical formado por la banda de música de Infantería de Marina de San Fernando, que costó 400 pesetas. Cerraba la comitiva un piquete de infantería de Segorbe.
Hacía más de un siglo que no había procesiones en un Domingo de Ramos desde que la última vez lo hiciera, según está documentado, la cofradía de Las Angustias en el año 1789.

Esa Semana Santa contó con las procesiones, además de la de la Coronación, del Prendimiento, el Miércoles Santo; el Mayor Dolor y Expiración, el Jueves Santo; Nazareno y Piedad, la Madrugá; y Desconsuelo, Santo Entierro y Soledad, el Viernes Santo.

Gracias a una reunión de las hermandades mantenida con el alcalde se tienen los nombres de los “Presidentes y Mayordomos de las Hermandades siguientes: El Sr. Marqués de Alboloduy, por el Mayor Dolor; D. Salvador Dastis, por la del Prendimiento; don Manuel Humanes, por la de Nuestro Padre Jesús Nazareno; D. Guillermo Ruiz Pérez, por el Santo Entierro; D. Antonio Pérez Cascales, por el Santo Cristo de la Espiración [SIC]; D. Alonso Pérez, por la Soledad; don Baldomero Rubio, por la del Desconsuelo, y D. Camilo Paniego, por la de la Coronación”.

Por cierto, la aprobación del arzobispado está fechada el 13 de marzo de 1896 aunque en la junta inaugural celebrada el 8 de marzo ya se dice que estaban aprobados.

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