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OPINIÓN

Ayudar a regenerar la sociedad, una tarea (también) de las cofradías

En estos momentos, las cofradías deben pensar en ofrecer su versión más práctica, que no es otra que poner en su propia balanza el alimento espiritual y su capacidad de generación económica

La crueldad del coronavirus sigue dando pasos en todo el mundo. Los contagiados llegarán pronto al millón -al menos, los contabilizados oficialmente- y las consecuencias económicas y sociales son devastadoras. No hay duda. Sin embargo, cientos, miles de iniciativas solidarias hacen de este momento inolvidable, amén de sus efectos negativos.

Hoy hemos conocido los datos del paro. Los peores de la historia. Más de 800.000 personas desocupadas más, 300.000 desempleados nuevos y sectores en quiebra técnica. Es, cada vez más necesario, que arrimemos el hombro y ayudemos, en la medida de nuestras posibilidades a regenerar poco a poco la vida social y económica del prójimo. Y ahí, las cofradías tienen mucho que ofrecer, más de lo que creen.

Porque, si nos atenemos únicamente a la actividad económica que las cofradías sustentan o ayudan a conservar, nos referiremos a artesanos, artistas o floristas (el sector de la flor cortada ha quebrado tras la cancelación de la Semana Santa a nivel nacional), entre muchos otros. Y si hablamos de bandas, son muchas las que han emitido señales de emergencia a las corporaciones penitenciales de toda España ante su imposibilidad de mantenerse. Locales de ensayo, el pago a sastres de sus uniformes, reparaciones de instrumentos, compra de nuevos… Son solo algunos ejemplos, quiten los que ahora mismo no son de vital necesidad si lo prefieren.

¿Y cómo podemos ayudar en las cofradías? Tienen ejemplos sencillos, cercanos, valientes. El último, el del dos veces pregonero y periodista jerezano Antonio Moure, que colaborará con la iniciativa Costaleros por nuestros Mayores. También hay otros como el de la cuadrilla de costaleros de la Virgen de la Paz en su Mayor Aflicción, que ha superado los 10.000€ en donaciones, o el de cofradías como la Defensión, cuyos voluntarios colaboran a diario con el área de Participación Ciudadana del Ayuntamiento en la recepción de alimentos, preparación de bolsas para repartir, etcétera.

Pero más allá de estas ayudas solidarias, tan sumamente necesarias y elogiables, la mayor aportación social que pueden hacer las cofradías es salir. Hemos leído decenas de opiniones -algunas muy doctas e interesantes- en las que se criticaba y se cuestionaba la posición del Vaticano con respecto al decreto impulsado por el cardenal Robert Sarah, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Y estas están en lo cierto, la Semana Santa no es ‘trasladable’. Pero esto no es un debate en el que este medio quiera -ni esté capacitado para- participar. Los expertos en liturgia sabrán más en este aspecto.

¿Acaso las cofradías no han salido a la calle en las épocas más complicadas de nuestra historia? Guerras, pandemias, crisis económicas feroces…

Pero sí tenemos claro que las cofradías tienen que ofrecer su versión más práctica, que no es otra que poner en su propia balanza el alimento espiritual y su capacidad de generación económica. Y la mejor forma de hacerlo, no se nos ocurre otra, es saliendo a la calle cuando el riesgo de contagio sea nulo. Habría motivos para hacerlo. Ya hay quien ha esgrimido que una procesión magna de dos días, a modo de Acción de Gracias. Podría ser una forma de aportar nuestro granito de arena a la recuperación social y económica.

Porque, ¿acaso las cofradías no han salido a la calle en las épocas más complicadas de nuestra historia? Guerras, pandemias, crisis económicas feroces… La respuesta es un rotundo sí. Por no hablar de que otras fiestas locales se están reubicando sin mayor problema ni crítica alguna por parte de ningún sector.

Es cierto que la Semana Santa tiene un sentido mucho más profundo que el mero hecho de salir a la calle. Pero seamos claros. No sería una Semana Santa. Llámenlo como quieran: procesión magna, procesión extraordinaria… Lo cierto es que, precisamente, por el sentido mismo de las corporaciones penitenciales de nuestra ciudad, ser un mecanismo de regeneración de una sociedad lastrada por una pandemia es, siempre en mi vacía opinión, tan necesario como útil. No es momento de ponerse de perfil.

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